Angelitos de Dios

 

 

En la ciudad de México, durante el virreinato, de cada mil nacimientos, en promedio 225 niños morían antes de cumplir 15 años; es decir, casi la cuarta parte. Una mujer en situación de pobreza debía tener en promedio 12 hijos para que por lo menos dos llegaran a reproducirse.  Probablemente este fenómeno fuera semejante en otras ciudades de la Nueva España. Esto, de acuerdo con una investigación de Lourdes Marquez Morfín y Patricia Hernández Espinoza*.

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Según la Iglesia Católica, al morir, los niños pequeños se convertían en angelitos de Dios siempre y cuando hubieran sido bautizados. No había lugar para duelo ni lágrimas. Los vestían de blanco; eran almas puras, porque en su corta vida no habían tenido tiempo de pecar, no habían llegado a la edad de la razón (siete años), y los enterraban en un lugar especial, diferente de aquel destinado a los demás difuntos.

 

Las mayoría de las imágenes que aquí comparto son detalles de una pintura mexicana del siglo XVIII en la que aparecen tres personajes adultos casi idénticos –la Santísima Trinidad– rodeados de esos querubines inocentes.  Algunos tienen los ojos cerrados o semi cerrados, como si fueran bebés muertos.

Entre ellos, los que más me impresionaron son unos que están de cabeza, que parece que estuvieran naciendo. Tal vez escenifican a aquellos que llegaron al mundo ya sin vida porque murieron antes o durante el parto.

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Estos casos eran muy comunes en ese entonces.  Epidemias, insalubridad, inundaciones, sequías, enfermedades infecciosas, sífilis, hambrunas, heladas, las mujeres sometidas a múltiples embarazos y partos el primero de los cuales sucedía tan temprano que marcaba el fin precoz de su niñez, eran situaciones que contribuían a la mala salud de ellas y de sus bebés en gestación.

Durante el virreinato y hasta entrado el siglo XX, la misión principal de las parteras no era traer niños al mundo, sino limpiar del pecado original a los recién nacidos bautizándolos aunque nacieran muertos o fallecieran al nacer.  Los ponían así a salvo de que el Supremo los enviara al limbo, ese lugar en el que lo más horrible es que eternamente no pasa nada.

Según las enseñanzas de la Iglesia, dar a luz a un hijito muerto, o que éste falleciera en la primera infancia, debía ser motivo de contento, pues iría directo al cielo. Los niños pequeños morían porque Dios los quería para su reino, y había que conformarse. Gracias a Él esos bebés no sufriría como el resto de los mortales en este valle de lágrimas.

La imagen de los querubines como bebés alados, muchas veces sin cuerpo (tan inocentes), proviene del Renacimiento, y está inspirada en  Cupido, el dios romano encargado de hacer que dos jóvenes se enamoren tirándoles flechas.

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Los niños que lograban sobrevivir se hacían adultos sin pasar por la adolescencia, etapa que empezó a existir apenas en el siglo pasado.

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Márquez y Hernández analizaron lo que quedaba de gente enterrada entre los siglos XVI y XVIII en tres parroquias y un cementerio de la ciudad de México.

Dedujeron de acuerdo a fórmulas estadísticas que en la vieja iglesia del Sagrario, donde la mayoría de los restos eran de criollos, españoles y mestizos, había un promedio de 225 defunciones infantiles por cada mil nacimientos.

Si un niño sobrevivía hasta los 15 años, era muy posible que casi llegara a cumplir 24 años. En ese caso, sin embargo, tenía sólo 20% de probabilidades de vivir para cumplir 45.

En San Gregorio Atlapulco, Xochimilco, comunidad rural, las autoras estudiaron 348 entierros humanos en buen estado de conservación; todos, de origen indígena; la mayoría, de niños que nacieron en el siglo XVI.

Descubrieron que, como en la parroquia de El Sagrario, 20% de los bebés nacidos vivos morían antes de cumplir 15 años. Quienes lograban llegar a esta edad, era probable que alcanzaran cuando mucho 33 años, y si llegaban a cumplirlos era casi seguro que serían  enterrados antes de festejar sus 50. San Gregorio Atlapulco en el siglo XVI era una población de jóvenes y niños. El promedio de edad apenas alcanzaba los 18 años.

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Hoy, la esperanza de vida en México es de 77.31 años y solo fallecen 11.9 bebés menores de un año por cada mil nacidos vivos  (datos oficiales de 2017). En cuanto a los que nacen muertos (a término), según un estudio de 2011 publicado en la revista Lancet, en el mundo anualmente son más de dos millones y medio de bebés. Esto es algo de lo que se habla muy poco. **

*Márquez Morfín Lourdes y Patricia Hernández Espinoza. LA ESPERANZA DE VIDA EN LA CIUDAD DE MÉXICO (SIGLOS XVI A XIX).  En: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0186-03482016000300006

**María Elena Navas. Bebés que mueren antes del parto: un drama invisible.  Artículo publicado el 13 de abril de 2011.  https://www.bbc.com/mundo/noticias/2011/04/110413_partos_muertos_globales_men

 

 

Publicado por martaalcocer

Videoasta, investigadora, periodista, bloggera. Hoy, busco las raíces profundas de donde vivo e intento reunirlas, reconstruirlas y compartir las historias y situaciones interesantes de la región de Malinalco, microcosmos de México.

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